El hábito de amargar a los grandes

Artículo publicado en el diario Perfil.

 

Año a año crece la cantidad de equipos que eliminan a rivales de categorías superiores. La brecha entre débiles y poderosos se acorta. Una tendencia que también se reflejo en el mundial.

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Por Federico Frau Barros

El fútbol es el primer deporte del mundo, es el deporte más atractivo para todos los continentes. Si yo tuviera que decir por qué sucede eso, es porque no siempre ganan los poderosos”, dijo hace ya casi una década Marcelo Bielsa.

En los últimos diez años, el campeonato argentino venía entregando varias sorpresas: no siempre los títulos los ganaron los poderosos. Pero la aparición de la Superliga parece venir a terminar con esto. El poder de los grandes clubes se acrecienta, y a los de menor presupuesto se les hace muy difícil pelear de igual a igual. Sin embargo, cada tanto nuestro fútbol se empeña en achicar las diferencias y últimamente aparecieron nuevos episodios que tienen a la Copa Argentina como escenario.

Este torneo federal parece seguir siendo el terreno donde, a veces, desaparece la brecha entre clubes. El chico y pobre se esperanza con vencer al grande y rico. El panorama es ideal para la hazaña: un único partido en cancha neutral, y si hay empate, se define por penales. Hace pocos días, General Lamadrid, de la Primera D, quinta división del fútbol metropolitano, venció a Banfield, de Primera División, logrando el mayor batacazo de la historia de la Copa.

“Yo estuve de los dos lados, sé lo que es. La preparación es distinta. Los jugadores de los equipos más modestos se preparan para el partido de su vida, tienen una motivación muy grande. Si el trámite está parejo durante el comienzo, el chico se la empieza a creer y, a su vez, el grande inconscientemente se relaja. Y después, cuando se da cuenta, a veces ya es tarde”, explica Sergio Rondina, director técnico de Arsenal.

En la Copa participan cien clubes de todo el país. Los equipos de Primera se incorporan en 32avos, lo que se denomina la fase final.

Esta instancia es el terreno para la esperanza de una nueva gesta, de sentirse David por una noche y derrotar a Goliat. Hasta ahora, cuando todavía quedan cinco encuentros por disputarse, casi la mitad de los cruces de los 32avos de final de la edición actual tuvieron como ganador a un equipo de menor categoría, 11 de los 24 partidos fueron ganados por equipos que en los papeles eran inferiores.

En los días previos a los encuentros, los diarios y los portales se llenan de historias de jugadores amateurs que tienen trabajos paralelos en la semana. Y lo que a priori es un partido accesible para los grandes equipos puede convertirse en un calvario. Ya son siete los clubes de Primera que fueron eliminados en esta instancia durante esta edición: Racing, Belgrano, Vélez, Banfield, Godoy Cruz, San Martín de San Juan y Aldosivi, cifra que podría aumentar la semana que viene cuando Lanús, Talleres, Boca y Central jueguen sus partidos.

“Más allá de los batacazos que pueda haber, a lo largo de un campeonato largo las diferencias aparecen. Hoy no veo factible que un equipo que no sea de Primera gane la copa”, agrega Rondina. En su corta vida, la Copa Argentina le dio la razón y tuvo solamente campeones y subcampeones de Primera División.

Hay torneos similares en otros países, y las estadísticas replican lo que ocurre en la Argentina. La FA Cup de Inglaterra tiene 147 años, y solo en ocho ocasiones la ganó un equipo que no estuviera en la máxima categoría. La Copa de Brasil se disputa desde 1989, y solo tres clubes la ganaron sin estar jugando en Primera. Con distintos nombres, la Copa del Rey española tiene ya 115 años y nunca la ganó un equipo que no estuviera en la máxima categoría. Solamente hubo un caso, el del Levante en 1937, en plena Guerra Civil, pero nunca le reconocieron el título.

 

 

Los candidatos que sufrieron en Rusia

La Copa del Mundo en Rusia dio la impresión de que equipos de menor trayectoria y presupuesto pudieron equilibrar la cancha. La victoria de Rusia frente a España, uno de los candidatos a llevarse el título, y la caída de Alemania en fase de grupos fueron solo muestras de esta tendencia.

En la máxima cita del fútbol mundial no suele haber lugar para sorpresas, pero esta vez sí las hubo: dos de los cuatro semifinalistas nunca habían jugado una final. En los últimos cuarenta años, solo dos países lograron disputar una instancia decisiva sin haberla jugado antes: Croacia en este Mundial, y Francia en 1998.

En su columna Mundo Mundial, publicada regularmente durante la Copa en el NY Times, Martín Caparrós planteó lo que para él es el debate posmundial: “¿Qué pasa en el fútbol global para que se diluyan aquellas grandes diferencias? ¿Esa explosión de futbolistas mundiales jugando en las mismas ligas europeas es una razón posible del emparejamiento? ¿La igualación se da siempre hacia abajo? ¿O es justamente el salto de calidad de los medianos lo que hace que no haya grandes, que ya nadie pueda ganar fácil?”. Solo el tiempo podrá dar respuestas a estos interrogantes.

 

Link a la publicación original: http://www.perfil.com/noticias/deportes/el-habito-de-amargar-a-los-grandes.phtml

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