Tribunas de género

Artículo publicado en el Diario Perfil.

Foto - Sergio Piemonte
Foto: Sergio Piemonte

Por Federico Frau Barros

Antes de acomodarse en el arco, Amadeo Carrizo levantaba la mano y saludaba a las mujeres ubicadas en un sector en que no podían entrar varones. La escena se repetía cada 15 días y sucedió durante muchos años en el Monumental, hace poco más de medio siglo.

Hoy ese sector es parte de la tribuna Centenario, lleva el nombre de Irene Cingolani, la socia Nº 1 de River, y ya no es exclusivo para mujeres. “Lo primero que dije cuando asumí es que nosotras no queríamos un sector exclusivo. Estamos peleando por igualdad, bregando por disputar cada vez más espacios, y creo que así nos autodiscriminaríamos”, dice Diana Paterno, presidenta de la comisión de mujeres del club.

Pero esa imagen de Amadeo Carrizo, que parece una antigua escena en blanco y negro, no está tan alejada de la realidad. Los sectores reservados únicamente para mujeres han sido retirados de varios estadios pero siguen vigentes en algunas canchas del país.

Los dos grandes de Avellaneda tienen en sus tribunas un espacio exclusivo para mujeres. En la platea Erico del estadio Libertadores de América se encuentra el sector damas de Independiente. Cuando se inauguró el nuevo estadio, los dirigentes quisieron unirlo con el de los socios vitalicios, y un grupo de mujeres juntó firmas para evitarlo. “Lo veo como un espacio de conquista, no como un apartheid. A mí me parece que tiene que existir, no es excluyente”, dice Silvina Giaganti, poeta y docente, que empezó a ir al sector de mujeres de Independiente en 1984. Racing también cuenta con un espacio para más de 300 hinchas. “Es el lugar de la mujer, ahí se desbocan”, cuenta Julia Romano, ex presidenta de la subcomisión de mujeres del club.

“En Boca está la Platea de Damas. No es que esté prohibido el ingreso de hombres, pero son varias abonadas que están juntas desde hace años”, explica Marisa Pérez, representante de Boca en Macfut (Mujeres Asociadas a Clubes de Fútbol). Si bien la entrada de varones no está restringida, en el reglamento de plateas del club se detalla que quienes no usen su abono del sector damas pueden transferirlo únicamente a personas de sexo femenino.

Unión de Santa Fe tiene un sector exclusivo para 800 personas y, a diferencia de los otros clubes, no viene de larga tradición sino que fue implementado hace poco más dos décadas. “En los 90, el presidente Angel Malvicino nos propuso crear el codo de damas. En ese momento iban pocas mujeres a la cancha, la idea era garantizarles tranquilidad”, cuenta Nancy González, integrante de la comisión directiva del club.

“Así como fuimos ganando terreno en jugar al fútbol, también lo hicimos como opinadoras y espectadoras. Ya no somos un elemento decorativo que hay que cuidar. Seguir con esa mirada de protección no va de acuerdo a la época”, dice Mónica Santino, una de las fundadoras de La Nuestra, entrenadora de fútbol, ex jugadora y referente feminista.

Hace pocos días, las mujeres de Arabia Saudita pudieron entrar por primera vez a un estadio de fútbol. El paradigma está cambiando en todo el mundo y las mujeres están haciendo del fútbol un espacio de lucha por la igualdad. La existencia de estos sectores exclusivos para el público femenino en algunos estadios de nuestro país puede ser considerada una práctica anticuada. Pero de lo que no hay dudas es de que el fútbol ya no pertenece solo a los varones.

 

 

Se pierde la magia de la cancha 

Por Luciana Peker *

“En mi adolescencia fui mucho a la cancha de Boca. Hay gente a la que le gusta el fútbol y lo puede ver por televisión, yo amo ir a la cancha, la experiencia colectiva. La barra brava de Boca era muy respetuosa con las mujeres, te convidaban agua y gaseosas. Había una clara ética del cuidado con las mujeres que iban a la barra y que tenía que ver con un machismo más similar al machismo del cuidado a la mujer. No quiero reivindicar a las barras como feministas pero sí eran muy cuidadosas. Creo quea hora hay más machismo que en ese momento y hay menos respeto hacia las mujeres. Tiene que ver con que el machismo más clásico del cuidado a la mujer se perdió y hay un machismo más cruento. Por un lado se perdió eso que se llamaba códigos, que es una palabra muy filosa, pero la verdad es que existían y era muy disfrutable como adolescente poder participar de algo así, ser cuidada y no tener miedo. No tenías que estar en un lugar exclusivo y no me parece disfrutable para ver fútbol estar solo entre mujeres porque la magia de la cancha tiene que ver con lo colectivo. No voy a decir que la barra brava era genial o construir un mito de eso, pero la verdad es que yo viví con mi propio cuerpo que se podía convivir con la barra brava de Boca. No me vengan a contar que las mujeres no podemos convivir en las canchas con los varones o las trans.”

*Periodista especializada en género. Autora del libro La revolución de las mujeres.

 

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil.

 

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