Omar Mollo, entre el tango y el rock

 

Por Federico Frau Barros

Tiene el pelo largo, muy largo, y la única vez que lo tuvo corto fue en la colimba. Su padre, Alejandro Pascual Mollo, era muy adepto al tango, gardeliano de ley y le decía: “Vos vas a robar hasta que se te caiga el pelo”. Su madre, Juana María Oviedo, le sugirió que cantara tango y él, en plena adolescencia, empezó a hacer rock sólo para llevarle la contra. Omar Mollo fue uno de los pioneros del rock argentino y hoy es embajador del tango en Europa. El año pasado ganó el premio Gardel al mejor álbum masculino de tango por su último disco, BARRIO SUR. A los 64 años, sentado a la mesa de un bar cercano a la estación de Ramos Mejía, asegura tener más energía que cuando era joven pero el mismo objetivo en cada show: ganarle el corazón a la gente. Hace más de cuatro décadas fundó en El Palomar, oeste del Gran Buenos Aires, una de las bandas precursoras del rock argentino: MAM (Mente Alma Materia). Ahí tocó, entre otros, con su hermano Ricardo Mollo y Diego Arnedo, hoy en Divididos.

El nombre Omar significa “el de larga vida” aunque la eternidad no es algo en lo que piense ahora ni nunca. A los cinco zapateaba y bailaba folklore. Así recorrió varios pueblos de la provincia de Buenos Aires. Dos años después formó el grupo de folklore Romanceros de Achalay, donde cantaba y tocaba la guitarra. A los trece la zapatería familiar que tenían en Pergamino se incendió y sus padres decidieron mudarse a Buenos Aires.

Desde el año 2000 se dedica a cantar tangos. Sus versiones de clásicos contaron con la aprobación de varias eminencias del género como Atilio Stampone, José Libertella y Rubén Juárez. Vive la mitad del año en la Argentina y la otra mitad en Europa, donde le sobra trabajo como cantante. En su primer concierto en Europa, apareció Carel Kraayenhof, el bandoneonista que tocó “Adiós nonino” en la boda real de Máxima Zorreguieta, y le dijo que quería que hicieran algo juntos. Tocaron durante ocho años hasta que Omar decidió seguir solo. Este año va a grabar un nuevo disco en Europa con el productor del premiado BARRIO SUR, Alejandro Pont Lezica.

¿Qué extrañás cuando estás en Europa?

-Muchas cosas. El tema es que allá estoy todo el tiempo laburando, entonces no tengo muchos días libres sin hacer nada como para que me agarre nostalgia.

-¿Sentís que el tango es más valorado afuera que acá?

-Nosotros nos encargamos de eso. Una pareja aprende a bailar, se va y busca vivir de eso en el exterior. Imaginate que en Ámsterdam hay cuarenta milongas.

¿Cómo recibiste el premio Gardel?

-Me vino muy bien, había sido nominado varias veces pero nunca había ganado. Estoy muy agradecido. Tiene mucho significado por la figura que representa Carlos Gardel.

¿Qué te parecen las fusiones del tango y la electrónica, o el tango y el rock?

-Tengo amigos que lo hacen y no me disgusta para nada. En realidad la música bien hecha nunca me disgusta. Lo que no me gustaría es que se aprovechen del tango para vender.

¿Cómo viene el nuevo disco de tango?

-Lo voy a grabar en agosto y vamos a incorporar cosas de otros palos, como en el último, donde hice una versión de “Muchacha (ojos de papel)”, de Spinetta. Estoy componiendo y también quiero meter algunos temas de MAM hechos tango.

-¿Por qué viviste un tiempo en Mar del Plata?

-Fui con un grupo que se llamaba Años Bisiestos. Teníamos que cumplir un contrato con Canal 8. Volví de Mar del Plata en 1969 porque vi en el diario que me tocaba hacer la colimba. Me pegó tan mal que vine con lo puesto y dejé los equipos allá. Mi viejo se reía y me decía: “Por fin vas a hacerte hombre.”

¿Cómo te fue en la colimba?

-Me robé una máquina de la zapatería de mi viejo y le pregunté a un sargento si la necesitaban. Era un rodillo con motor para lustrar zapatos. Eso me valió hacerla acá en Ramos y no hacer guardia, porque entré tarde.

-¿Y qué pasó cuando saliste?

-Empezamos de vuelta con mi hermano (Ricardo) y decidimos armar un grupo. Él tenía ganas de ponerle Cinto Ancho, porque usaba cinturones anchos. Yo estaba con la locura del gurú Maharishi y el I Ching, y le dije, llamémoslo Mente Alma Muñeco. Después terminó siendo Mente Alma Materia. Empezamos a ensayar y estuvimos como cinco años tocando en un sótano frente a la Base Aérea de El Palomar.

¿Nunca tuvieron problemas con los militares?

-De vez en cuando nos venían a visitar los muchachos, pero yo les cantaba un tanguito y estaba todo bien. Además, la familia que nos alquilaba era amiga y nos cubrían. Los otros que nos vinieron a ver fueron los productores Daniel Grinbank, Oscar López y Jorge Álvarez. Nos querían hacer grabar a toda costa.

¿Y ustedes qué les respondían?

-Yo les decía que no. Era el mayor y decía que no había que transar por la música. Estaba loco, era muy hippie.

¿Después te fuiste a Brasil?

-Les dije a Ricardo y a Diego que me iba a Porto Alegre cuatro días en semana santa y me terminé quedando seis meses. Cuando volví me echaron de la banda que había formado. Me dijeron: “Vamos a seguir solos porque con vos no vamos a ningún lado”.

¿Pensaste alguna vez que Divididos es MAM sin vos?

-Divididos es la misma base de MAM. Los primeros pasos a Ricardo se los enseñé yo. Comprábamos discos y sacábamos todo de ahí. Él empezó a tocar la batería y yo le explicaba el tema del tempo. También le enseñé a tocar la viola. Por otro lado, Catriel Ciavarella (actual baterista de Divididos) tocó diez años conmigo. Él quería tocar con mi hermano en Divididos pero era muy chico, entonces yo le dije que me lo dejara a mí. Con él grabé el primer disco de MAM en el regreso en 1999.

¿Te gustaba enseñar?

-Sí, lo disfrutaba mucho. Era muy obsesivo, podíamos hacer un riff diez veces hasta que saliera. Terminábamos de ensayar y yo los quería llevar a todos a mi casa para seguir practicando. Era como un equipo de fútbol, yo les decía que los pingos se verían en la cancha, que en el escenario se iba a notar la unión. Era verdad, pero no me entendieron. Yo no quería hacer otra cosa que tocar. Después me di cuenta que el equivocado era yo.

¿Qué relación tenés actualmente con tu hermano?

-Buena, la última vez que canté en El Ateneo vino y me trajo a mi sobrino, Merlín Atahualpa, para que lo conociera.

¿Cómo conviven hoy el tango y el rock en vos?

-Muy bien, para los primeros Cosquín Rock me contrataron con el trío de rock y con los tangueros. Hice el show de tango y después subieron los otros, me clavé la Les Paul y terminamos tocando rock.  La verdad es que yo me di todos los gustos en mi carrera, toqué con todos.

¿Es cierto que cantabas tangos con el padre del “Flaco” Spinetta?

-Sí, cuando el “Flaco” ensayaba con su banda, su viejo me decía: “Dejalos a estos rockeros, vení conmigo”. Y nos encerrábamos en una pieza a escuchar y cantar tangos.

¿Fuiste amigo  del “Flaco”?

-El “Flaco” fue un amigazo. Durante tres años vino a la casa de mi vieja casi todos los días. El tema “Alfil” lo compuso ahí. Conozco a toda su familia.

¿Y a Pappo cómo lo conociste?

-Lo conozco desde los 70. Lo traía el pelado Héctor Starc a casa. Salíamos de joda todo el tiempo. Siempre que yo tocaba, él caía a zapar. Me acuerdo que venía cuando tocábamos en un boliche en San Justo y me decía: “Al Luna Park va cualquiera, acá hay que venir a hacerle el aguante a los amigos”.

¿Qué relación tenés con Ricardo Iorio?

-Él nos vio cuando estábamos tocando en el programa de Silvio Soldán. Se quedó flasheado con nosotros después de esa actuación. Nos veía pasar caminando a mí y a mi hermano con los instrumentos y le decía al viejo:Papá, yo quiero ser como ellos”. Él dice que es músico gracias a nosotros. Después nos hicimos amigos más de grandes. También soy amigo del Tano Marciello (guitarrista de Almafuerte). En los 80 el Tano nos venía a ver a Ramos y hasta el día de hoy me agradece porque ahí conoció a su mujer. Yo grabé un tema para su disco solista con Chizzo, de La Renga, que se llama “La matanza”. Quiero ver si para el próximo disco lo hago en clave de tango.

¿Abandonaste el rock?

-No, un gran amigo de Holanda tiene un estudio en la casa y tocamos siempre rock. Acá también lo sigo haciendo, pero ya no para el público. En reuniones o grabaciones siempre zapamos algún rocanrol.

-Nunca renegaste de tu pasado…

-No, porque no tengo nada que esconder. Renegaría si siguiera enganchado en algo. Yo sé que cuando me vaya del mundo voy a  poder decir: hice lo que se me cantó. No podés estar las 24 horas sacándote fotos. ¿Cómo lo sostenés? Si sos famoso, cométela. Yo ando por la calle como todos, si garco como cualquier otro. A mí no me interesa vivir mostrando. ¿Sabés las historias que yo tengo para contar? No sólo de músicos, gente de todos los palos. Tendría que sentarme en Intrusos y hacer un desastre -se ríe-.

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