Cinco años sin Juan Gelman: una mirada sobre el gran poeta que venció al olvido

Artículo publicado en Infobae.

 

Ganador de múltiples premios, entre ellos el prestigioso Cervantes, el autor argentino tuvo una voz literaria irrepetible e innovadora. Además en esta nota, su compromiso con los derechos humanos, la búsqueda de su nieta Macarena y los libros esenciales

Por Federico Frau Barros

 

“Para mí la poesía puede ser un árbol sin hojas que da sombra. Es el lenguaje calcinado, último. Es un modo de interrogar la realidad, interrogándose. Creo que no podría vivir sin ella”, así definió alguna vez Juan Gelman a la poesía, quién también dijo, en otra ocasión, que es un modo de vivir. Y así vivió Gelman, interrogándose, interrogando la realidad. “Cuando Juan pregunta se diría que nos está incitando a volver más lúcidamente hacia el pasado para después ser más lúcidos frente al futuro”, escribió Julio Cortázar en el texto Contra las telarañas de la costumbre en 1981, para el prólogo de Silencio de los ojos, editado en París.

Las preguntas, el poder de síntesis, sus agudas pinturas de la realidad y el compromiso social estuvieron presentes a lo largo de toda su obra poética que incluyó casi treinta libros. Quien fue una de las figuras más importantes de la poesía en habla hispana de los últimos tiempos y un faro para las nuevas generaciones, también tuvo sus influencias y se encargó de dejarlas en claro en más de una ocasión: César Vallejo y Raúl González Tuñón, autor del prólogo de su libro de presentación Violín y otras cuestiones (1956). “La influencia tiene que ver no solo con la forma de decir sino también con la forma de ver. Como alguna vez dijo Benedetti, pertenezco a la raza de Vallejo. Pero la influencia principal sigue siendo la realidad”, dijo en el documental Juan Gelman y otras cuestiones dirigido por Jorge Denti.

“Él es un continuador del prestigio y la capacidad cultural y poética de modificar lo antiguo y generar nuevos caminos en la poesía, un poeta que continúa la huella que tiene a Vallejo, a Neruda y, en nuestro país, a Raúl González Tuñón. Gelman continuó con esa línea de compromiso político social y de una gran calidad estética innovadora. Si tengo que ver cómo sigue esa línea de poesía de fuerte compromiso con el dolor social, pero a la vez de una fantástica capacidad de generar imágenes, nuevos lenguajes y nuevas estéticas, ahí está Gelman. Y eso queda como parte que ya no se olvida de la historia cultural argentina”, dice Vicente Zito Lema, periodista, poeta, psicólogo social, dramaturgo y amigo de Gelman, a Infobae Cultura.

No hay dudas de que Gelman fue un poeta que le puso el cuerpo a sus palabras. Y si su poesía es una marca en la literatura argentina, su figura, su cuerpo, también tenía un aspecto único. Uno de los encargados de inmortalizar esa figura en innumerables dibujos fue Rep(Miguel Repiso), compañero suyo en Página/12. “Sus ojos claros que parecían los de una tortuga, su delgadez, su bigote, su cigarrillo. Era una especie de rufián melancólico”, dice Rep, a Infobae Cultura, a la hora de remarcar los aspectos que él tenía en cuenta cada vez que lo dibujaba.

Gelman tocando el bandoneón, una de sus pasiones, retratado por el gran fotógrafo argentino Daniel Mordzinski

Gelman tocando el bandoneón, una de sus pasiones, retratado por el gran fotógrafo argentino Daniel Mordzinski

 

Y no solo su cuerpo era particular, su voz -inconfundible- es difícil de borrar de la memoria una vez que uno la escucha. “La embriaguez que producía su decir, su manera de leer no la vi en ningún otro. La forma en la que él recitaba su poesía te imprime para siempre tu lectura de su poesía. Su tono está siempre en sus versos. Es indivisible la voz de Juan a la hora de leer su poesía”, agrega Rep, quien no oculta su admiración por su amigo: “Me parece que estamos hablando del más grande poeta argentino y no solo por los premios”.

 

Los premios a los que hace referencia Rep son más de 20 y entre ellos se encuentran el Premio Cervantes, el Boris Vian, el Premio Nacional de Poesía argentino, el Juan Rulfo, el Premio Iberoamericano Pablo Neruda, el Nicolás Guillén, el José Lezama Lima de la Casa de las Américas cubana y otros de Italia, España y Argentina, y el que el propio Gelman catalogó como el más emotivo que recibió: el que le hizo Atlanta, el club del que era hincha, al ponerle su nombre a la biblioteca de la institución. Gelman fue -quizás- el último poeta ineludible de la literatura argentina, difícilmente un colega posterior que se preste no haya leído sus versos. Pero hablar de Gelman solamente como poeta sería injusto con las otras actividades en las que también dejó una huella profunda: el periodismo, la militancia política y el activismo por los derechos humanos.

“La verdad periodística saca lo oculto al público, los secretos del poder. La verdad de la poesía revela otros secretos: los de la palabra y los de la existencia”, dijo en una entrevista con el diario Público de España. “Son dos géneros distintos -porque en el periodismo hay literatura- que en mi conviven como buenos vecinos. No hay conflicto sino armonía. Ocurre que el periodismo es simplemente un vecino que vive en un piso distinto al de la poesía. Y si bien no creo que el periodismo me haya ayudado como poeta, su ejercicio me permitió entrar en contacto con realidades diversas. Son lenguajes distintos, íntimamente enraizados con diferentes misterios de la vida”, esas palabras suyas se leen Juangelman.net, un sitio web que lo homenajea y recopila varios de sus artículos y poemas.

 

“Mi madre tenía razón, de la poesía no se vive. Se puede vivir para la poesía, pero de ella no. No en mi caso por lo menos. Siempre hay que tener, lo que se llama, el segundo oficio para vivir. Cuando publiqué mi primer libro y se lo lleve fresquito de la imprenta, ella me miró con una anchísima sonrisa y me dijo: ‘de esto no vas a vivir, Juan’. Pero estaba muy orgullosa”, confesó Gelman en una entrevista. Y ese segundo oficio fue el periodismo.

Gelman expone en la audiencia pública de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Quito, Ecuador, en 1995 (AFP/Rodrigo Buendia)

Gelman expone en la audiencia pública de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Quito, Ecuador, en 1995 (AFP/Rodrigo Buendia)

 

Zito Lema compartió redacción con Gelman en la primera etapa de la revista Crisis y recuerda cómo era él en el trabajo cotidiano: “Juan tenía una profesionalidad única y una gran conducta con el resto de los compañeros, nunca mostrándose como alguien diferente, siendo que él ya era un poeta de una calidad muy poco frecuente. Su trabajo como periodista era siempre de un nivel superior, escribía bien cualquier cosa. Siempre fue un ejemplo en la seriedad profesional, en el compañerismo, en el trabajo, en la fraternidad cuando alguien necesitaba alguna ayuda en el campo concreto de la tarea profesional”.

 

Gelman integró las redacciones de ConfirmadoPanorama, La OpiniónCrisisNoticiasPrensa Latina y Página/12. En éste último, escribió columnas hasta unos pocos días antes de su muerte. “Luego de más de 50 años de ejercer el periodismo, me tuve que conformar con las columnas. A mí lo que más me interesó siempre fue escribir crónicas, investigaciones o entrevistas”, dijo en un reportaje en la Televisión Española.

Durante una entrevista en México (AFP/Alfredo Estella)

Durante una entrevista en México (AFP/Alfredo Estella)

 

Otro periodista, escritor, compañero de redacción y amigo suyo, el uruguayo Eduardo Galeano, escribió unas palabras luego de la muerte de Gelman, publicadas en Página 12: “Nunca encontraremos palabras que expresen nuestra gratitud al hombre que fue muchos, al que fue nosotros y nosotros seguirá siendo en las palabras que nos dejó”.

 

Y en ese hombre que fue muchos también habitó el militante político, otro de los campos en los que el poeta dejó una huella. Él mismo se definió como un militante que escribía poesía. Gelman nació el 3 de mayo de 1930, pero de alguna manera la política lo acompaña desde antes de llegar al mundo. Su padre, un obrero ucraniano, participó de la revolución rusa de 1905 y su hijo Juan heredó esa inquietud por las ideas de izquierda. A sus 15 años, Gelman se unió a la Juventud Comunista y empezó formarse en el marxismo mientras hacía el secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Luego, en los ’60, fue forjando una posición pro revolución cubana y comenzó a también acercarse al peronismo, lo que llevó a que se aleje del Partido Comunista y finalmente, a comienzos de los ’70, cuando las organizaciones revolucionarias de ese momento se replantearon el plan de lucha, él se unió a Montoneros.

 

Y fue a través de esa organización que, en 1975, se fue del país cuando, según él mismo dijo después, “la violación de los derechos humanos en la Argentina ya era muy notable”. En ese momento Gelman era director del suplemento cultural del diario La Opinión y secretario de redacción de la revista Crisis. Pero también era un poeta reconocido por sus pares, su exilio vino justo cuando “ganaba la calle una necesaria compilación de su obra que muchos lectores, con los recaudos del caso, se pasaban de mano en mano”, como dijo el periodista y poeta Jorge Boccanera en el Cuaderno de Crisis dedicado a Gelman, que él dirigió y se publicó cuando el homenajeado volvió del exilio. Su primer destino en el exilio, bajo el rol de secretario de prensa para el exterior de Montoneros, fue Italia y luego anduvo por España, Honduras, Francia, Estados Unidos y México.

 

“Él no era un poeta que apoyaba causas. Era un gran poeta y, simultáneamente, muchísima de su energía, su capacidad y su inteligencia las dedicaba a su militancia política revolucionaria. Tenía una gran capacidad política para la organización y para definir líneas ideológicas”, explica Zito Lema. Lejos de su patria, y en esta etapa de activa militancia por los derechos humanos, Gelman siguió escribiendo, porque su poesía y su activismo social nunca caminaron separados.

 

Aquí/ palabra que fue perro por la caballa que decía/ ya no hay nada que hacer/ está la luz/ que tanta sombra hizo/ ¿Por eso dolés tanto belleza?/ ¿me pegás como si fuera tu hermanito?/¿boca de tu arrabal?“, escribió en el poema titulado Exilio. “En el exilio releí a Santa Teresa de Jesús, San Juan de La Cruz, La Kabbalah. Los leí de otra manera, sobretodo a los místicos españoles. desde una presencia ausente de lo amado”, dijo Gelman en el documental Juan Gelman y otras cuestiones.

Juan Gelman

Juan Gelman

 

Las nuevas experiencias, las nuevas lecturas y sus nuevas necesidades hicieron que su poesía mutara y en esta etapa se volvió aún más intimista y con temas recurrentes que la atravesaron: el destierro, el terror y la búsqueda de su nieto. “En el exilio, Juan se destacó culturalmente y a la vez se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos humanos, porque él también sufrió la tragedia: el secuestro de su hijo y de la compañera de su hijo”, dice Zito Lema.

 

Su amigo Eduardo Galeano le dedicó un breve texto en El libro de los abrazos: “El poeta Juan Gelman escribe alzándose sobre sus propias ruinas, sobre su polvo y su basura. Los militares argentinos, cuyas atrocidades hubieran provocado a Hitler un incurable complejo de inferioridad, le pegaron donde más duele. En 1976, le secuestraron a los hijos. Se los llevaron en lugar de él. A la hija, Nora, la torturaron y la soltaron. Al hijo, Marcelo, y a su compañera, que estaba embarazada, los asesinaron y los desaparecieron. En lugar de él: se llevaron a los hijos porque él no estaba. ¿Cómo se hace para sobrevivir a una tragedia así? Digo: para sobrevivir sin que se te apague el alma. Muchas veces me lo he preguntado, en estos años. Muchas veces me he imaginado esa horrible sensación de vida usurpada, esa pesadilla del padre que siente que está robando al hijo el aire que respira, el padre que en medio de la noche despierta bañado en sudor: ¡Yo no te maté, yo no te maté! Y me he preguntado: ¿Si Dios existe, por qué pasa de largo? ¿No será ateo, Dios?”.

Juno a Mara La Madrid

Juno a Mara La Madrid

 

Alguna vez Gelman dijo que lo único que le legó su hijo fue encontrar al suyo. Finalmente ese hijo era una hija y Gelman pudo dar con su nieta, en gran parte, gracias a la ayuda de su segunda mujer, Mara La Madrid, a quién conoció en México, donde se radicó desde 1988 hasta sus últimos días. “Por conciencia ciudadana y por amor, Mara hizo una profunda investigación que permitió encontrarla”, dijo Gelman en el documental de Jorge Denti. Además de compañera, Mara fue su musa a quien Gelman le dedicó muchísimos poemas como La Extranjera de su libro Mundar (2007) , que se cierra así: “La hora de los dioses junta los pies y ese camino en llamas“. Gelman también dejó terminado un libro dedicado a ella para que se publicara después de su muerte, que se llamó Amaramara.

 

En 1997 escribieron juntos el libro Ni el flaco perdón de Dios, donde contaron historias de hijos de desaparecidos y el proceso de apropiación de bebés que se realizó durante la última dictadura militar. Al año siguiente, Gelman publicó en el semanario uruguayo Brecha un texto titulado Carta a mi nieto. Y finalmente, a comienzos del 2000, pudo saber quién era su nieta y conocerla. Se llama Macarena y es uruguaya porque su madre fue trasladada forzosamente por los militares a Montevideo cuando estaba embarazada.

 

“Lo pude conocer, pude compartir tiempo con él. Me hubiera gustado que fuera mucho más pero hicimos lo mejor que pudimos”, dijo Macarena Gelman, actual diputada uruguaya por el Frente Amplio, en declaraciones a AFP luego del velorio de su abuelo Juan, que falleció a sus 83 años el 14 de enero de 2014 debido al síndrome de mielodisplasia, según explicó su familia en aquel entonces .”Él ganó muchas batallas. A pesar del dolor y de la vida que tuvo, pudo hacer muchas cosas. Una de ellas, gracias a la ayuda de su esposa Mara, fue encontrarme”, le dijo esa noche al diario La Reforma de México.

 

A él que tanto buscó, que sacó tantas cosas del olvido, que recordó y homenajeó a tantos de sus compañeros, hay que recordarlo. Por todo eso y por la herencia poética que dejó. “Su legado innegable es el de su poesía. Desde cualquier sector, más allá de diferencias políticas, ideológicas y de estilo o estéticas, por el bien de la poesía y de la cultura latinoamericana, ya no se disputa que Juan es una de las figuras más importantes de la poesía que ha dado Latinoamérica”, dice Zito Lema.

Juan Gelman besa a su nieta, Macarena Gelman, luego de que el ex presidente uruguayo José Mujica aceptara la responsabilidad del estado uruguayo con respecto al crimen político contra Maria Claudia García de Gelman, durante la última dictadura (AFP /Miguel Rojo)

Juan Gelman besa a su nieta, Macarena Gelman, luego de que el ex presidente uruguayo José Mujica aceptara la responsabilidad del estado uruguayo con respecto al crimen político contra Maria Claudia García de Gelman, durante la última dictadura (AFP /Miguel Rojo)

 

“Sus poemas, que nunca tendrán la ventaja ‘de los poemas escritos en estado de frialdad’, como él mismo nos ha dicho, nos eligen cada vez, cuando eligen lo que está ‘en un canto bajito’, y así sus versos se sienten repicar en los lugares más impredecibles de nuestro país, unidos ya a las raíces de la voz de la gente que nunca dejará de cantar”, escribió la poeta Diana Bellessi en 2006 cuando Gelman fue nombrado Embajador Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

 

Gelman dejó escrito su epitafio en el primer poema de su primer libro donde dijo: “Un pájaro vivía en mí./ Una flor viajaba en mi sangre./ Mi corazón era un violín./ Quise o no quise. Pero a veces/ me quisieron./ También a mí/ me alegraban: la primavera,/ las manos juntas, lo feliz./¡Digo que el hombre debe serlo!/ (Aquí yace un pájaro./ Una flor./ Un violín.)“.

 

Pocos meses después de su muerte, el poeta y abogado Julián Axat escribió un artículo en Página 12 donde planteaba el desafío de los poetas después de Gelman y cerraba el texto con el siguiente dilema: “El problema ya no es escribir ‘como’, el problema es ‘ser o no’, y a partir de ahora, escribir poesía después de Juan Gelman”.

 

La huella más profunda de Gelman es la que está por venir. El futuro que volverá, obligado, como dijo en su poema Sucederá: “Cuando alma y espíritu/ y cuerpo sepan,/ y la luna sea bella porque la amé/ y el mundo esté parado al filo/ de la memoria y/ sangre la luz detrás/ del baño de su gracia,/ obligaremos al futuro/ a volver otra vez./ Allí todos los ojos serán uno/ y la palabra volverá a palabrear/ contra sus criaturas./ Se acabará la eternidad y el poema/ buscará todavía su tripulación y lo/ que no pudo nombrar, tan lejos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s